El sábado pasado se vivió un partido muy trascendente para la población salvadoreña, en un juego en el que se vive un orgullo ligero, es una clase de orgullo a la que yo le huyo. Se que el fanático amaneció tranquilo, feliz de encontrar una alegría que rara vez la halla, de sentir ese yo te lo dije!
De lo que si estoy admirado es de la actitud de los jugadores, de ambos equipos, en donde los salvadoreños que no han tenido un buen trato por parte de la dirigencia del fútbol nacional, y de los mejicanos que en igual sentido tampoco la han tenido de su dirigencia nacional, pero están tranquilos porque tienen buenos ingresos de sus respectivos equipos que los emplean. Esto es de admirar en los salvadoreños, pues no tienen la tranquilidad que les da el tener un buen empleo, sentirse seguros de que sus familias tienen todo lo que necesitan, no así los mejicanos, que ellos si tienen esa tranquilidad, y es ahí de admirar las grandes disparidades.
El jugador salvadoreño salió por orgullo, por esa pequeña alegría de ganarle a un grande, de dejarse ver por el mundo y tal vez conseguir un mejor empleo. El mejicano seguro de su empleo no tiene esa motivación, especialmente por un equipo nunca ha alcanzado demasiado respeto en lo deportivo.
Querer es poder, siempre he oído eso, y yo he querido hacer mucho en mi ámbito laboral, pero también se tiene que dar todas las condiciones especiales para lograr algo, eso fue lo que obtuvieron los jugadores salvadoreños, y lo supieron aprovechar, porque no sólo es de querer, es de saber tener la oportunidad en el tiempo justo.
Ahora viene la resaca de la alegría, pues como en la ley de conservación de la energía nada se destruye, solo se transforma, así pues es de tomar con naturalidad y saber que uno está a gusto haciendo lo que más le gusta, sin presiones y buscando la paz interior en uno mismo. Creo que la clave es seguir siempre adelante, a pesar de que después de un gustazo viene un trancazo, pues a seguir adelante con la expectativas, con lo que uno quiere alcanzar, y tal vez…….
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